
Es importante saber en qué punto esta uno. La semana pasada estuve esperando casi obsesivamente a que el chupóptero llamara arrepentido o no arrepentido pero que llamara al fin y al cabo y pusiera orden en mi cabeza, sólo quería que se solucionara la situación que yo misma pensé que había provocado, pero es curioso como la misma realidad se percibe de formas tan diferentes.
Llamé al chupóptero convencida de que lo mejor era terminar con la incertidumbre, le dije que no me parecía muy normal acabar así después de no tanto tiempo ( unos 6 meses) pero sí mucha intensidad, desde el principio la relación fue tortuosa y llena de obstáculos que me empeñé en saltar, no es difícil comprender que por una vez dejara de lado mi orgullo e intentara salvar lo que tanto trabajo me había costado no conseguir pero casi.
Total que tras una hora y 15 minutos de conversación comprendí que nada es como yo pensé que era y tras la llorera y desesperación correspondientes entendí que es ridículo batallar por algo que no existe más que en mi cabeza, por esa misma regla de tres supongo que tampoco tiene mucho sentido llorar por perder lo que en realidad nunca tuve pero eso es algo que todavía no he aprendido a controlar.
Como decía, después de colgar el teléfono noté que algo se desplomaba dentro de mi, era mi historia con el chupóptero que empezaba a derrumbarse , cada palabra, cada momento, cada promesa caían golpeando muy fuerte en el pecho, en el estómago, en mi cabeza. Pensé que no iba a ser capaz de aguantarlo. Estaba en el portal de casa de mi madre que me esperaba para comer, subí pálida, le dije que tenía que irme, ella me miró, preguntó - pero, no vas a comer?- yo respondí tratando de no mirarla a los ojos que ya volvería más tarde y ella sin entender repitió- pero no vas a comer?, entonces, para qué has venido?- esta es una pregunta lógica teniendo en cuenta que yo no vivo con ella y mi presencia allí tenía ese único fin.
Decidí que era convincente decir que en realidad iba a buscar unos zapatos que me había dejado la semana anterior y así salí de casa con ellos en una bolsa de supermercado, con un montón de lágrimas solicitando abrirse paso y con el incesante golpeo de las ruinas que seguían su desplome.
Me senté en el banco de un parque cercano y lloré, no podía pensar con claridad, el polvo que había levantado el derrumbe me lo impedía y llamé a Haruko. Ella me tranquilizó, las dos llegamos a la conclusión de que era lo mejor. No sé cómo recordé que tenía hora en la peluquería a las 16.00, en aquél momento eran las 15.40 y yo parecía un sapo. Entré y por supuesto mi cara no pasó desapercibida, dije con esa voz característica del peor de los disgustos - Tengo algo de gripe...- y ella me miró - sí, tienes los ojos llorosos....- no dijo más, se limitó a cortarme el flequillo en silencio, normalmente las conversaciones con ella son animadas pero esta vez ninguna quiso hacer comentarios, a veces sobran las palabras.
Llegué por fin a mi casa y me tiré en la cama, seguí llorando. Después me quedé dormida y en sueños entré en mí con una excavadora para retirar los escombros y comprobar los daños causados por el derrumbe, debajo de todas las ruinas y completamente aplastada encontré a la ilusión moribunda. La cogí en brazos y le prometí que se pondría bien, ahora esta en la unidad de cuidados intensivos, el tiempo que tarde en reponerse será duro porque la necesito conmigo pero sé que cuando termine de limpiarlo todo quedará un espacio muy grande que decoraré para ella, para cuando se ponga bien.